La nena no aprende.
No importa cuántas veces me lo digan, mucho menos las veces que juro entender… sigo sin aprender. Sigo siendo la misma niña ingenua e insegura… la misma niña que cuando se siente invadida, atacada, se retrae en sí misma, se resguarda en su caparazón. Se cierra en si misma. Allí está mi error: me escondo. Prefiero huir, es más sencillo, no encuentro forma de afrontar mis miedos , me convierto en una niña pequeña, y me alejo para llorar, y luego volver con más fuerza. Sin embargo, la fortaleza me importa: siempre caigo en mis miedos, mis inseguridades, siempre vuelvo a llorar. El problema es el siguiente: me encantaría ser otra persona… y mi deseo no se expresa en el aspecto físico. Me gustaría ser más segura, confiar más en mi misma. Creerme capaz de todo, quererme. Me encantaría ser capaz de hacer oído sordo a comentarios ajenos a mi entorno, poder reírme de ellos, y a su vez, poder reírme de mi misma. Es tan contradictorio con lo que usualmente digo ‘’soy fuerte’’,...