No es justo.
No es justo que no pueda vivir como quiero y con quien quiero. No es justo que carezca del derecho de elegir con quien ser feliz, con quien quiero pasar el resto de mi vida, a quien quiero entregarle mis días. No es justo que sea juzgada por quienes sostienen que nadie es quien para juzgar a otra persona. No es justo que me vean como un caso perdido, que crean que no tengo decisión sobre mi vida, sobre quién soy o sobre quién quiero ser. No es justo que me digan que no sigo el camino de Dios, cuando en mi caso, soy católica practicante. No es justo que digan que estoy enferma, y que me miren con ojos enojados, como si no me conocieran, como si les hiciera mal, como si mi elección de vida depende de ellos. No es justo, no lo es ni lo será. Aún me juzgan, por mi orientación sexual y por defender mis creencias tanto como ellos las suyas. El gran problema, y la gran diferencia, es que ellos por defender sus creencias lastiman a quienes no creen lo mismo, ofenden, No ...