Inocencia pérdida.
Emily, ese es mi nombre y tengo 12 años. Nací en York, una pequeña división de Carolina del Sur, en Estados Unidos. Mi familia siempre fue de clase media, no teníamos mucho, pero tampoco éramos pobres.
Hemos sido muy unidos desde que Charlie, mi hermano mayor, se encargó de nuestro cuidado. Nuestros padres murieron en un accidente automovilístico hace 9 años, pero yo no me acuerdo mucho porque era muy pequeña. Solo recuerdo las veces que mi madre iba a mi cuarto a cantarme y a darme un beso de las buenas noches.
Cuando murieron mis padres el corazón de Charlie dejó de latir, vivía por nosotros solamente. Pasó de ser un chico adolescente y rebelde, a ser un hombre responsable y adulto. Amaba a mi hermano con todo mi corazón, pero ni él se enteraría de lo que estaba por pasarme...
Un día iba saliendo de la escuela cuando vi la camioneta estacionada al otro lado del parque. Hace una semana noté que esa misma camioneta me estaba siguiendo de camino a casa. En ocasiones mi hermano iba a buscarme a la escuela, pero él trabajaba mucho así que me daba dinero para que tomara el autobús y llegara a nuestro hogar.
No sé por qué, pero sentía que algo malo estaba por pasar...
Tan pronto salí por el portón de la escuela aceleré el paso y me dirigí hacia la parada del autobús. Todas las tardes se llenaba de estudiantes, pero esta vez estaba completamente vacía.
No lo podía creer.
Medité mis opciones y como toda niña inteligente decidí correr hacía el lugar más seguro, mi casa.
Tan pronto la camioneta se dio cuenta que empecé a correr aceleró y me siguió.
Estaba muy asustada, no sabía quienes eran las personas que me seguían, pero lo que sí sabía era que me podían hacer daño si me atrapaban.
Corrí con todas mis fuerzas, pero de repente sentí unas manos tomándome de la cintura.
Me atraparon, tenía que lograr avisarle a Charlie. Se preocuparía por mí al ver que no llegaba de la escuela.
Quería volver a verlo. Necesitaba que él me salvara.
El hombre que me atrapó en la camioneta me vendó los ojos, decía que si era buena niña me dejaría vivir.
Sentía sus manos recorrer mi cuerpo completo. Tocaba lugares que no debería tocar. Él decía que la pasaría bien, que disfrutaría con "la niña virgen".
Grité, lloré, traté de defenderme, seguí luchando, pero él era mucho más fuerte que yo. No sabía lo que me estaba haciendo, pero quería que parara, no quería que me siguiera lastimando.
Mi voz y mi conciencia se iban apagando lentamente.
Sentía que varias voces discutían quién debería "terminar" con toda mi inocencia.
En mi mente se repetía el nombre de Charlie, una y otra vez, como una oración.
"Lo siento tanto Charlie", pensaba por última vez.
Mi cabeza, mi cuerpo y mi mente ya no respondían.
Tuve que estar, alrededor de 8 horas, desaparecida.
Mi hermano querido, él tendría que estar muriéndose de angustia.
Luego de todo ese tiempo, sentí que me tiraban en la carretera desde la camioneta en movimiento. Mi cuerpo de niña ya no sufría más, a mi corazón ya no le quedaban fuerzas para latir una vez más.
El dolor había parado.
Yo, Emily Anderson, fui secuestrada a la edad de 12 años. Fui encontrada muerta dos semanas después de mi secuestro, presentaba síntomas de abuso sexual por varios hombres. Mi hermano Charlie se mató, luego de mi muerte, porque no soportaba saber que estaba muerta.
No pido que no vuelva a pasar, ya que todos sabemos que pasará mil y un veces con millones de niñas más, solo pido que encuentren a aquellos mal vivientes, y le den su merecido.
Hemos sido muy unidos desde que Charlie, mi hermano mayor, se encargó de nuestro cuidado. Nuestros padres murieron en un accidente automovilístico hace 9 años, pero yo no me acuerdo mucho porque era muy pequeña. Solo recuerdo las veces que mi madre iba a mi cuarto a cantarme y a darme un beso de las buenas noches.
Cuando murieron mis padres el corazón de Charlie dejó de latir, vivía por nosotros solamente. Pasó de ser un chico adolescente y rebelde, a ser un hombre responsable y adulto. Amaba a mi hermano con todo mi corazón, pero ni él se enteraría de lo que estaba por pasarme...
Un día iba saliendo de la escuela cuando vi la camioneta estacionada al otro lado del parque. Hace una semana noté que esa misma camioneta me estaba siguiendo de camino a casa. En ocasiones mi hermano iba a buscarme a la escuela, pero él trabajaba mucho así que me daba dinero para que tomara el autobús y llegara a nuestro hogar.
No sé por qué, pero sentía que algo malo estaba por pasar...
Tan pronto salí por el portón de la escuela aceleré el paso y me dirigí hacia la parada del autobús. Todas las tardes se llenaba de estudiantes, pero esta vez estaba completamente vacía.
No lo podía creer.
Medité mis opciones y como toda niña inteligente decidí correr hacía el lugar más seguro, mi casa.
Tan pronto la camioneta se dio cuenta que empecé a correr aceleró y me siguió.
Estaba muy asustada, no sabía quienes eran las personas que me seguían, pero lo que sí sabía era que me podían hacer daño si me atrapaban.
Corrí con todas mis fuerzas, pero de repente sentí unas manos tomándome de la cintura.
Me atraparon, tenía que lograr avisarle a Charlie. Se preocuparía por mí al ver que no llegaba de la escuela.
Quería volver a verlo. Necesitaba que él me salvara.
El hombre que me atrapó en la camioneta me vendó los ojos, decía que si era buena niña me dejaría vivir.
Sentía sus manos recorrer mi cuerpo completo. Tocaba lugares que no debería tocar. Él decía que la pasaría bien, que disfrutaría con "la niña virgen".
Grité, lloré, traté de defenderme, seguí luchando, pero él era mucho más fuerte que yo. No sabía lo que me estaba haciendo, pero quería que parara, no quería que me siguiera lastimando.
Mi voz y mi conciencia se iban apagando lentamente.
Sentía que varias voces discutían quién debería "terminar" con toda mi inocencia.
En mi mente se repetía el nombre de Charlie, una y otra vez, como una oración.
"Lo siento tanto Charlie", pensaba por última vez.
Mi cabeza, mi cuerpo y mi mente ya no respondían.
Tuve que estar, alrededor de 8 horas, desaparecida.
Mi hermano querido, él tendría que estar muriéndose de angustia.
Luego de todo ese tiempo, sentí que me tiraban en la carretera desde la camioneta en movimiento. Mi cuerpo de niña ya no sufría más, a mi corazón ya no le quedaban fuerzas para latir una vez más.
El dolor había parado.
Yo, Emily Anderson, fui secuestrada a la edad de 12 años. Fui encontrada muerta dos semanas después de mi secuestro, presentaba síntomas de abuso sexual por varios hombres. Mi hermano Charlie se mató, luego de mi muerte, porque no soportaba saber que estaba muerta.
No pido que no vuelva a pasar, ya que todos sabemos que pasará mil y un veces con millones de niñas más, solo pido que encuentren a aquellos mal vivientes, y le den su merecido.
aaaahhhh
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