Mi sueño dorado.
Mis padres se separaron en marzo, unas semanas después de mi
fiesta de quince años...desde que tengo noción hasta poco
después de dicha
separación juré odiar a mi
padre. Lo detestaba, como trataba a mi madre, sus cambios de humor, su
desconsideración: lo veía como un
mal padre, y un mal ejemplo. Sin embargo, las personas crecen, la madurez
aumenta, y aparece una nueva perspectiva sobre la vida.
Cuando mi madre tomó la abrupta
decisión de
marcharse de mi casa y hospedarse ''por unos días'' en la
vivienda de un familiar, mi reacción instantánea fue un
''no veré más a mi
padre''. Realmente estaba cegada por la furia de haber convivido quince años en un
ambiente de peleas continuas, grito, discusiones, llantos...de culpas. En el último tiempo
como ''familia'', mi hermana tuvo que presenciar muchas disputas, y sentí que fracasé como
hermana mayor, ya que desde que ella tuvo vida, juré hacer hasta
lo imposible para que no tuviera que vivir el calvario que yo viví...por ese
motivo lo odiaba, lo detestaba tanto.
¿Cuándo cambio
todo? una tarde. Mi hermana y yo iríamos a
nuestra casa por prendas de vestir, y desde el primer momento en el que supe
que tendría que ir me hice la idea de que tendríamos una
charla con mi padre.
Me senté en la silla, a unos metros de él. Tomamos
mates, conversamos...lo noté mal. En ese momento pensé -wow, tiene
sentimientos, a él también le duele
la separación...a él también le dolió cada
disputa vivida- comprendí en ese momento que toda mi vida había visto la
historia de un solo lado...
Decidí que lo mejor si sería entablar
una relación de padre e hija con él, era el
momento.
A partir de ese día, viví los mejores
tres meses de mi vida. Establecí una unión con él, era mi
confidente, mi mejor amigo. Nos contábamos todos.
Reíamos, caminábamos, llorábamos, todo
juntos. Era lindo sentir que mi padre era mi mejor amigo. Fue lindo mientras
duro. Inclusive me notaron mejor en mi estado de ánimo, y subí de peso,
eso daba a notar lo feliz que estaba.
Sin embargo, todo lo bueno...tiene algo malo. Él estaba
pasando por una fuerte depresión...lloraba mucho, dormía poco, y
comía nada. Era
horrible ver eso, porque en verdad quería
ayudarlo...pero como el dicho lo dice: ''no se le puede tirar un salvavidas a
quien no sabe que se está ahogando''...quise que recibiera
ayuda psicológica, e inclusive psiquiátrica cuando
entendí el complejo
cuadro de depresión que sufría...pero él no me lo
permitió, él no entendía como
terminaría todo.
Una noche luego de
discutir con mi madre por teléfono, él lloro
demasiado, apenas pude abrazarlo, me destrozaba el alma verlo así. Luego de
unos minutos, en los cuales me distraje intentando pensar que era lo mejor que
podía hacer para
ayudarlo...intento suicidarse, ahorcándose.
Afortunadamente logré verlo, y así salvarlo.
Cuando recobramos el sentido ambos, hicimos una promesa:
+no vuelvas a intentar eso jamás, prométemelo
-te lo prometo, si es que no te vuelves a cortar
+está bien papá
*promise*
Colocamos los dedos meñiques
juntos. Era una promesa.
Con el tiempo, yo rompí mi promesa,
y no se lo comenté. Por miedo, por cobardía. Sabía que tan
mal estaba él, y no quería empeorar
la situación.
Veía como cambiaba, como mejoraba. Lo
veía cada día
mejor...hasta que un día, todo se derrumbó.
Aún no olvido ese miércoles, él fue a
buscarme a una de mis clases extra curriculares con mi hermana, y nos llevó hasta la
casa de mi familiar, donde vivíamos con mi madre...y antes
de que me marchará me abrazo bien fuerte, y despidió una
lagrima...yo no comprendí, creí que estaba
mal como usualmente, creí que la lluvia lo había puesto así...quería creer tal
vez que solo era algo del momento. No lo abracé con fuerza,
no lo abracé como siempre, porque creí que podría volver a
abrazarlo...pero no.
El viernes de esa misma semana él se quitó la vida de
un disparo...y con él murieron muchas cosas...mis ganas
de ser feliz, mi sonrisa radiante, parte del peso que tanto me había costado
aumentar, mis ganas de comer, mis ganas de dormir, mis ganas de vivir. Con él murió algo mucho
más importante
que todo lo antes mencionado: mi sueño dorado, el
que volviéramos a ser una familia, pero esta vez una
bonita. Todos habíamos crecido mentalmente...lo bien que
me hubiese echo aunque sea estar juntos como familia una semana, ¡increíble!
Él se fue un
viernes 13, y aún recuerdo cuando me decía ''yo sigo
por nuestra promesa'' ¿qué sucedió gran
luchador? eras, y sigue siendo mi héroe. Mi único héroe en este
lío. Pero me
hubiese encantado volverte a escuchar, y crecer a tu lado. Que estuvieras en mi
boda, que admirarás cuanto crecí
mentalmente, que estuvieras en el cumpleaños de mi
hermana menor...
El único consuelo que me queda, es saber
que te fuiste dejándome una linda imagen de
ti...porque creo que a pesar de todo tú sabías como
terminaría todo, y
solo querías dejarme los mejores recuerdos...y lo
lograste.
Ay mi angelito, no sabes cuánto te
necesito.

Comentarios
Publicar un comentario