Un golpecito más.
Hace tanto no escribo que apenas recuerdo como hacerlo.
Aún siento un dolor punzante en mi nariz, apenas puedo tragar, y el medicamento vía suero fue lo suficientemente pesado como para tener que comer más de lo normal.
Cometí un gran, pero necesario error.
Me sentía sola, mi vieja trabaja lo suficiente como para verla cinco horas al día máximo, vivo con mi tía, y mi hermana claro, pero no es suficiente, necesito a mis viejos, no a alguien más.
Mi mamá trabaja mucho, todo por darse y darnos ciertos ''gustos'', como lo llama ella, pero siendo sinceros, prefiero mil veces tenerla un par de horas más conmigo, y vivir en nuestra comodidad, que esos tan ansiados ''gustos''.
Paso el día de un lado al lado, con compañía, pero sintiéndome sola, riendo, pero muriendo por dentro. Fingiendo simplemente.
Me cansé, como era de esperarse, me deprimí, y voy a ser lo más franca posible: me harte de la misma mierda todos los días, llegue a mi casa, y como de costumbre, no había nadie, una vez más sola. Me deprimí después de un día agotadoramente común y vacío... y planeaba solo cortarme, solo sentir el filo, pero no.
Las cosas se me fueron muy de las manos cuando revisé una caja, y maravillosamente apareció una tableta de calmantes, no sé cómo, ni por qué, solo apareció.
Alprazolam, eso fue lo que tomé.
Llorando, envuelta en una angustia terrible empecé, uno, dos, tres... seis calmantes tomé esa tarde noche. Estaba cansada, mi cabeza pensaba sola, mi cuerpo no respondía, no podía más, ya no soportaba más. Los problemas, mis nudos, mis complejos, la soledad, mi vida social, amorosa, mi vacío... me consumió. Me consumió definitivamente.
Fue un festín de agonía dentro de mí, odié siempre tomar pastillas, pero ese día... me rebalsé.
Esa tarde, hablé con la mamá del para entonces mi ex, hablé con una gran amiga, hablé con un gran amigo...me despedí, irónicamente, porque sabía que no iba a morir, lo sabía.
No es que quisiera, realmente, jamás quise morir, solo quería olvidarme, ''volar'', evadir por un rato tanta pena.
Se alarmaron, desde ya, y Matías, mi gran amigo, fue hasta mi casa... estuve a punto de dormirme, y sé que no moriría, pero si dormía en ese instante... un coma era seguro.
Salí hasta la puerta, como pude y con gran dificultad, hay un largo trecho hasta la puerta... aún lo recuerdo.
Me caí, como una estúpida, y a lo lejos vi la luz de un auto, era él. Era Matías.
Como de costumbre, me salvo, una vez más.
Me llevo hasta el hospital zonal. Ahí el horror fue el máximo, me hicieron un maldito lavado gástrico.
Para quien no sabe, eso, implica que ingresen un maldito tubo lleno de un olor similar al que tiene el alcohol en gel, en mi caso, a la nariz, que pase por la garganta, y llegue hasta el estómago. Una tortura en si. Súmenle que todo esto, despierta, semi muerta en si.
Una médica me preguntó por qué lo hice, y como era muy difícil explicar que la soledad puede volverse aterradora, que mis demonios me consumen, que mi mamá trabaja todo el día, que mi hermana me preocupa y que mi papá se suicido y aún no lo digiero... era más fácil decir ''porque mi novio me dejo'', si, así de estúpida.
No lo digan, me gané el premio a la conchuda del año, si.
Me salvé, de todo, gracias a Mati, y a que en cierta parte mi organismo procesó bien los medicamentos.
Hoy, meses más tarde, cuento esto con aires de triunfo, fue una batalla más, contra mi misma, y luego contra las criticas de todos.
Para entonces, mi vieja desligó su culpa en Jeremías, quien, luego de varios meses, volvió a ser mi pareja, nadie entiende como.
Lo cierto, es que jamás fue culpa de él lo que hice, estaba tan cansada, soporte tantas cosas durante toda mi vida, simplemente.. estallé.
Y como sera que realmente no me oían... que nadie de mi familia se esperó una reacción tal en mí, cuando claramente, siempre estuvo más que obvio que pasaría.
Salí de ese pozito, como de tantos otros... y hoy solo es una historia más, una cicatriz más en mi.
Aún siento un dolor punzante en mi nariz, apenas puedo tragar, y el medicamento vía suero fue lo suficientemente pesado como para tener que comer más de lo normal.
Cometí un gran, pero necesario error.
Me sentía sola, mi vieja trabaja lo suficiente como para verla cinco horas al día máximo, vivo con mi tía, y mi hermana claro, pero no es suficiente, necesito a mis viejos, no a alguien más.
Mi mamá trabaja mucho, todo por darse y darnos ciertos ''gustos'', como lo llama ella, pero siendo sinceros, prefiero mil veces tenerla un par de horas más conmigo, y vivir en nuestra comodidad, que esos tan ansiados ''gustos''.
Paso el día de un lado al lado, con compañía, pero sintiéndome sola, riendo, pero muriendo por dentro. Fingiendo simplemente.
Me cansé, como era de esperarse, me deprimí, y voy a ser lo más franca posible: me harte de la misma mierda todos los días, llegue a mi casa, y como de costumbre, no había nadie, una vez más sola. Me deprimí después de un día agotadoramente común y vacío... y planeaba solo cortarme, solo sentir el filo, pero no.
Las cosas se me fueron muy de las manos cuando revisé una caja, y maravillosamente apareció una tableta de calmantes, no sé cómo, ni por qué, solo apareció.
Alprazolam, eso fue lo que tomé.
Llorando, envuelta en una angustia terrible empecé, uno, dos, tres... seis calmantes tomé esa tarde noche. Estaba cansada, mi cabeza pensaba sola, mi cuerpo no respondía, no podía más, ya no soportaba más. Los problemas, mis nudos, mis complejos, la soledad, mi vida social, amorosa, mi vacío... me consumió. Me consumió definitivamente.
Fue un festín de agonía dentro de mí, odié siempre tomar pastillas, pero ese día... me rebalsé.
Esa tarde, hablé con la mamá del para entonces mi ex, hablé con una gran amiga, hablé con un gran amigo...me despedí, irónicamente, porque sabía que no iba a morir, lo sabía.
No es que quisiera, realmente, jamás quise morir, solo quería olvidarme, ''volar'', evadir por un rato tanta pena.
Se alarmaron, desde ya, y Matías, mi gran amigo, fue hasta mi casa... estuve a punto de dormirme, y sé que no moriría, pero si dormía en ese instante... un coma era seguro.
Salí hasta la puerta, como pude y con gran dificultad, hay un largo trecho hasta la puerta... aún lo recuerdo.
Me caí, como una estúpida, y a lo lejos vi la luz de un auto, era él. Era Matías.
Como de costumbre, me salvo, una vez más.
Me llevo hasta el hospital zonal. Ahí el horror fue el máximo, me hicieron un maldito lavado gástrico.
Para quien no sabe, eso, implica que ingresen un maldito tubo lleno de un olor similar al que tiene el alcohol en gel, en mi caso, a la nariz, que pase por la garganta, y llegue hasta el estómago. Una tortura en si. Súmenle que todo esto, despierta, semi muerta en si.
Una médica me preguntó por qué lo hice, y como era muy difícil explicar que la soledad puede volverse aterradora, que mis demonios me consumen, que mi mamá trabaja todo el día, que mi hermana me preocupa y que mi papá se suicido y aún no lo digiero... era más fácil decir ''porque mi novio me dejo'', si, así de estúpida.
No lo digan, me gané el premio a la conchuda del año, si.
Me salvé, de todo, gracias a Mati, y a que en cierta parte mi organismo procesó bien los medicamentos.
Hoy, meses más tarde, cuento esto con aires de triunfo, fue una batalla más, contra mi misma, y luego contra las criticas de todos.
Para entonces, mi vieja desligó su culpa en Jeremías, quien, luego de varios meses, volvió a ser mi pareja, nadie entiende como.
Lo cierto, es que jamás fue culpa de él lo que hice, estaba tan cansada, soporte tantas cosas durante toda mi vida, simplemente.. estallé.
Y como sera que realmente no me oían... que nadie de mi familia se esperó una reacción tal en mí, cuando claramente, siempre estuvo más que obvio que pasaría.
Salí de ese pozito, como de tantos otros... y hoy solo es una historia más, una cicatriz más en mi.

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