La suerte de la mala persona.
Dulces conclusiones.
No hay vuelta atrás, si sos amable,
considerado, y atento, te agarran para el juego, te usan, y te descartan como
un pañuelo de
papel, ¿entonces qué? ¿Tengo qué ser una
basura de persona? ¿Tengo que ser detestable? ¿Mala con las
personas? ¿Una escoria de humano? A fin de cuenta si sos así te
respetan, no molestan, y evitas todo tipo de problemas, sencillo ¿verdad?
El tiempo me enseñó eso, a que mi mayor
preocupación debo ser yo y los que quiero, y que debo saber
diferenciar entre a quienes puedo llamar amigos, a quienes solo debo decirles
conocidos, y a quienes directamente tengo que mantener lo más lejos de
mi vida.
Aprendí que hay que ser hija de puta, pero
solamente con quien lo es con vos, tampoco nos vayamos al extremo de ser dañina con
gente que tal vez apenas conoces con el fin de ''evitar problemas'', no, no es
ese el concepto que estoy intentando explicar.
En un tiempo quise ser amable, no con el fin de caerle bien a
todos, sencillamente porque tampoco se puede estar en una guerra continúa con el mundo
externo, hay que lograr un equilibrio, sin embargo, cuando intenté, cuando me
esforcé, y más importante
aún: cuando lo
logré. Solo
obtuve mierda a cambio, como si a nadie le importase que tan buena persona sos,
como si sencillamente fueras igual de basuras que ellos. Obtuve insultos y
alardes como ''quiere caerle bien a todos, que estúpida'' o
''mira lo falsa que es'', y a fin de cuentas ¿era cierto?
no ¿merecía eso?
tampoco. ¿Entonces? Me convertí en la misma
basura que son ellos, aprendí a no confiar, a cuidarme,
porque si no lo hago yo no lo hará nadie,
aprendí a defender
con dientes y uñas lo que creo, lo que pienso, lo
que siento.
Intente callar, tragar insultos, y hacer oído y vista
gorda, pero llega un momento en el cual ni quien tenga más paciencia
soporta un insulto más, y ese momento me llegó. Me di
cuenta que no servía en absoluto que callará, que solo
les daba el gusto a pensar ''miren, le puedo pisar la cabeza ochenta veces que
no llora'', y sí, mi abuela decía que la
indiferencia mata, pero evidentemente estas personas no conocían esta
oración, ya que
mientras más lo ignoraba, más
insultaban. Fue ahí cuando dije 'basta', dejé de callar,
comencé a hablar, a
hacerme oír, a gritar si es necesario. Entendí que hay que
ser así, que no te
tienen que importar los demás, y que hay que saber
diferenciar entre las intenciones que tienes las personas para con vos, y si
elegís mal,
tranquilo, el tiempo te va a ir abriendo los ojos, lentamente, tal como me pasó a mí.

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