Sin aliento.
Que decir. Acá de nuevo, hoja y lápiz. Sin humor, sin ganas. Sin siquiera
moverme. Reflexiono, medito, digiero, lagrimeo y me seco el dolor. Aspiro
impotencia, rabia y furia. Palabrería sin sentido, prácticamente absurdo. Acumulo, acumulo y estallo.
Trago llanto, digiero
respuestas, ahorro humillaciones. No hay día en el que llegue a casa y por las noches no
llore. No hay día en el cual no quiera volver el tiempo atrás e intentar remendar ciertos errores. No hay día en el cual simplemente no me despierte con la idea de no
respirar ni por un segundo más.
Despierto día a día intentando ser feliz, intentando dejar el pasado atrás y superar por un momento todo eso que en este instante
considero en todos los aspectos insuperables.
Ciertamente, la
muerte de mi padre, su suicidio, será siempre indigerible. El querer abrazarlo y
saber que no puedo ni jamás podré me destruye dentro. Es doloroso saber que no
volveré a ver una sonrisa suya jamás y es más que necesario en momentos como estos alguna
de sus frases, o un simple, '' hija, te amo, se fuerte''.
Sé que desde donde está, me cuida, me apoya y me da fuerzas para seguir, pero no es
consuelo, solo son pensamientos y oraciones no coordinadas que algún otro idiota me balbuce.
Extraño todo, sus abrazos, caricias, sonrisas, regaños, extraño absolutamente todo de él.
Y el no tenerlo
despierta ansiedad en mí, despierta todo eso que adormecía en mí por muchos años...despierta
mis mayores infiernos. Pocas ganas de vivir, pocas sonrisas guardadas en un cajón, filo en mano...y ¡hasta pronto!

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