Que sea un día diferente.
Hoy es un día para meditar, tal vez erráticamente, y luego reflejar
mis nefastos pensamientos en una hoja de papel, como de costumbre.
Nuevamente recurro al pasado,
inconscientemente, para lanzarme a un precipicio de tristeza, donde al final de
el, se encuentra la bella soledad para tomarme en brazos.
Recuerdo como me veía antes: jamás considere tener un rostro bonito, mis ojos están enfermos, mi sonrisa es
fea, mis cejas también lo son y mi nariz es extraña, sin embargo, creía al menos que tenía un cuerpo bonito. Me quería, me veía bien, me veía linda ¡extraño tanto esa sensación!
Solo que... lo bueno no es eterno.
El tiempo paso, y me arrasó de pies a cabeza: una serie de eventos que a cualquier persona hubiesen llevado a la mismísima muerte a mí me volteo, solo me hizo caer
en un pozo algo profundo, pero no lo suficiente. ¿Por qué no morí? porque la vida no quiso, porque no era mi momento, porque yo no
era ''cualquier persona'', yo era una muchacha fuerte, valiente y audaz...pero
eso tampoco fue suficiente.
No morí, pero terminé en algo similar: depresión. Esta, acarreo consigo fuertes recaídas en mis peores infiernos:
navajas, dietas a base de saltear comidas y vómitos.
El reloj no contribuyo a mi favor:
mi piel quedo terriblemente marcada, y mí peso disminuyó brutalmente. En poco tiempo la imagen que tenía sobre mi misma se
distorsiono notablemente, ya no era la misma, había cambiado, y no solo físicamente, fue mucho más que eso. Me deteriore. Me volví una muchacha malhumorada a causa del hambre, que solo gustaba de
usar buzos grandes, y que escogía quedarse en su habitación antes que recibir siquiera un rayo de sol en su piel. Me volví fría y calculadora a raíz de mis engaños para que la gente creyera
que en verdad comía...por eso supongo que una parte de mi inteligencia permaneció, pero mi fortaleza se
desvaneció lentamente, se consumió.
Comencé a odiarme e incluso, terminé en ello también.
Detesto haber perdido mi sonrisa y en su lugar, haber ganado lagrimas;
detesto poder notar mis huesos; detesto mis piernas y principalmente mis
hombros, ya que allí los huesos se notan aún más de lo ''normal''; detesto mis ojos y lo enfermos que están a causa de la ineptitud
humana; detesto ser tan delgada; detesto mi voz de niña...me detesto, me odio.

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